Sanar fobia con la Terapia Regresiva

Río similar al que me describió la paciente

Martina llegó a mi consulta con una fobia poco frecuente. Ella para salir de casa necesitaba llevar encima una botella de agua. Si salía sin la botella, de inmediato sentía como si se cerrase su garganta y le faltara el aire.

Cuando comenzamos a hablar del tema, me dijo que sospechaba que ese problema le venía de cuando tenía 22 años, que al montarse en una montaña rusa sintió que no podía respirar. Más o menos desde ahí, se le “despertó” esa fobia, que yo intuía que venía de mucho más atrás en el tiempo. La montaña rusa fue solo un catalizador de algo que ya estaba en ella. LLevaba 14 años con esa fobia y la consecuente pérdida de libertad.

Entró rápidamente en regresión y su subsconciente fue directamente al grano. En una vida anterior se vio dentro de un río estrecho y caudaloso, con mucha vegetación a su alrededor. Era una niña de dos años, y se estaba ahogando. Pudo sentir la angustia de ese momento y como se le cerraba la garganta por falta de aire. Vivió esa emoción hasta que soltó el cuerpo físico y pudo sentir paz.

En nuestra charla posterior, identificó las sensaciones como muy parecidas a las que experimentaba en su vida al salir sin la botella de agua. Se ahogaba. Le pedí salir a dar un paseo juntos, sin la botella de agua. Me miró con miedo, pero accedió. Cuando salimos por la puerta se detuvo un momento, se miraba, le dije que estuviera tranquila, estaba respirando. Nos alejamos bastante de mi consulta y charlaba distendida conmigo, sonreía.
-¿Sabes que la botella está lejos, no?
-Lo sé, pero me siento bien, estoy tranquila.

Al pedirle permiso para compartir su experiencia, este fue su mensaje:
“Hola Juan, puedes compartirlo sin problema.
Respecto a la botella se me dan varios casos. El 50 % ni siquiera pienso en llevarla, me acuerdo al tiempo que no la tengo encima y estoy tranquila, no pasa nada.
A veces mi ego, cuando me doy cuenta, me dice compra una, pero me como un caramelo o un chicle y ya está.
Otras veces la llevo vacia, pero en ningún caso he vuelto a sentir la sensación de pánico.
Me siento LIBRE y cada día se afianza más la sensación de independencia. Mi mente va asimilando progresivamente que los días que salgo con la botella vacía es completamente absurdo.
Así que más feliz no puedo estar”.

Testimonio real con nombre y edad cambiados para preservar su identidad.

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